Sugar, segunda temporada: un ejercicio de estilo

La razón principal para ver Sugar, se encuentra en que es un ejercicio de estilo elegante, realizado con muy buen gusto. Los creadores de la serie desarrollaron un concepto adecuado de “neo noir”, es decir supieron encontrar la formula para reproducir y homenajear al “cine negro” clásico (cine de detectives de los años 40 y 50, de carácter fatalista), dándole una proyección que aporta a su planteamiento estético y temático.

De esa manera las tonalidades grises, la fotografía en blanco y negro de alto contraste de cintas clásicas como Perdición (1944) de Billy Wilder y El Sueño eterno (1946) de Howard Hawks se complementan con una estética basada en colores suaves, con una fotografía bien cuidada, que retrata de forma delicada la belleza de la ciudad de Los Ángeles, en un tono melancólico.

Uno de los mayores aciertos de la propuesta visual se encuentra en la introducción de pequeños fragmentos, de películas clásicas de la época, tales como Gilda (1946) o Sunset Boulevar (1950), en momentos clave de la trama. En otro contexto dicha inclusión resultaría torpe o distractiva, en Sugar está bien planteada, que enriquece la construcción narrativa.

Sugar también “aggiorna” la forma en que se plantea al personaje principal. El detective protagonista de las películas clásicas, era un ser que portaba una marcada ambigüedad moral; generalmente seguía una dirección “correcta”, pero al tener una actitud escéptica frente a la sociedad, no dudaba en romper las normas.

Pero ese personaje, atractivo, dotado de cierto romanticismo, de hace ochenta años, ha sido explotado por el cine contemporáneo hasta la saciedad, produciendo una serie de engendros, asesinos, justicieros, etc., a menudos desagradables. Por ello es que el planteamiento de nuestro protagonista, como un ser reacio a producir cualquier tipo de daño, que podía, ingenuo en otras épocas, en este caso resulta novedoso.

El entramado argumental de Sugar, termina siendo realmente interesante (e indudablemente sorprendente en la primera temporada), cuando el esquema de “cine de detectives”, se complementa con otro de ciencia ficción. En la segunda temporada, se ha perdido el factor sorpresa, pero dicho elemento, los orígenes extraterrestres del protagonista, si bien se explota mínimamente, sirve para justificar el arco evolutivo del personaje.  Por algunas de las indicaciones que se dan en los capítulos finales, se da a entender que si hubiera una tercera temporada (todo dependerá de los números con los que acabe esta, su ciclo comercial), en ella se ahondaría más las líneas argumentales ligadas a la ciencia ficción.

Es interesante observar como a pesar del cambio operado en los principales responsables del equipo creativo de la serie; Sam Catlin como showrunner principal, en vez de Mark Protosevich, y los realizadores Adam Bernstein y Amat Escalante, como directores, en vez del brasilero Fernando Meirelles, la serie no solo conserva la calidad de la primera etapa, sino que además es coherente en su desarrollo narrativo.

En la segunda temporada, Sugar, al intentar ayudar a un boxeador coreano y a su hermano, se enfrenta al “mal” personificado en su antagonista, el policía Ray Vega.

En cierto momento de la trama, Sugar que quiere evitar a toda costa el tener que hacerle daño a Vega (porque además parte del principio de que todos de inicio somos “buenos”), realiza a este una oferta a todas luces irresistible: iniciar una nueva vida con su familia en Panamá, con dinero, en una muy buena posición social. Es la oportunidad le dice Sugar al policía, de enmendar todos sus errores anteriores, de limpiar su vida y su conciencia, con extremada facilidad. Pero Vega rechaza la oferta; ahí queda claro que no es un tema de dinero, sino mas bien de “poder”, de sentimiento de impunidad. Nuestro protagonista cree que los “malos”, lo son por circunstancias ajenas a ellos (malas influencias, contexto, difícil, etc), pero se encuentra con que ese criterio no se ajusta necesariamente a la realidad.

Sugar entonces se ve obligado a romper sus propias normas, a empezar a indagar en eso de que a veces tomar atajos y romper las reglas, puede ser necesario para llegar a resultados buenos. La pregunta que se hace, es una de las centrales a la que se ha enfrentado la humanidad en su definición ética: ¿el fin justifica los medios?, ¿el tomar medios corruptos, así sea con buenas intenciones, no termina convirtiéndote finalmente en un ser corrupto?

La parte más floja de la serie, es aquella en la que se enlaza con el hilo argumental extraterrestre, aunque se entiende el esfuerzo puesto en ello, dado que como señalamos, aparentemente la evolución argumental de la serie ira en esa dirección.

En todo caso, Sugar continua siendo una de las mejores opciones, en la oferta de series policiales que se realiza en la actualidad.

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