Próximos estrenos: Variedades de la ciencia ficción
1. Una época de oro: Si usted tiene la impresión de que hoy hay muchas más películas de ciencia ficción en cartelera que hace quince años, la buena noticia es que no está equivocado: sí, hoy se producen más películas de ciencia ficción. La mala noticia es que pocas de esas muchas son realmente de ciencia ficción más allá de las espaditas luminosas, las naves intergalácticas y los rutinarios superpoderes de sus protagonistas. Buena parte de ese alud futurista –facilitado por los avances y bajos costos de las CGI o “imágenes generadas por computadora” y, ahora, por los de la IA– más bien pertenece a otro género: la fantasía o mitología pop. Las que abundan, más bien, son las leyendas medievales en el espacio, esas que, con un poco de sorna, los gringos llaman “space operas” (por su cercanía con las “soap operas”, que es el nombre que le dan a las telenovelas).
2. La extinción de géneros cinematográficos. Este primer cuarto del siglo XXI vio la desaparición de no pocos géneros del cine comercial: el drama para adultos –es decir, para gente no estancada en los placeres cinematográficos de su infancia y adolescencia–, el western (“las de vaqueros”), el suspenso que requiere un mínimo de atención mental, etc. Y otros han prosperado: el terror ultraexplícito (es decir, el que disimula su simplicidad detrás de capas y capas de violencia visual), las pelis de “acción” (en las que no pasa absolutamente nada porque siempre pasa en ellas exactamente lo mismo), la animación (hoy más variada que antes y en ocasiones el único reducto en las multisalas para el drama adulto), la fantasía (esos anillos y varitas mágicas que nos atacan sin pausa ni descanso). Y la ciencia ficción.
3. Una época cinematográfica sombría. El cine globalizado de hoy asume una precondición central para el éxito de su modelo de negocios: la infantilización deliberada del público. En los años 80 del siglo pasado, los expertos solían repetir, escandalizados, que, “según estudios académicos”, la edad mental promedio a la que estaba dirigida la programación televisiva era los 11 o 12 años. Hoy se puede decir lo mismo del cine en salas.
4. Un cine de ideas. En este panorama de regresión general, uno de los pocos géneros que conservan un modesto deseo de sofisticación temática es la ciencia ficción. Aunque deberíamos ser más precisos con las definiciones: entendemos que en este género se especula sobre el futuro –o sobre versiones alternativas del pasado– y que, en su impulso especulativo, imagina alteraciones significativas del mundo, del cuerpo, de las relaciones humanas. Es, en otras palabras, uno de los pocos géneros del cine comercial que muestra alguna vitalidad intelectual.
5. Un cine infantil con espaditas o varitas de diferente tamaño. Según nuestra definición, no son, obviamente, ciencia ficción ni la saga de La guerra de las galaxias –que arrancó, según cuenta su creador, del calco o plagio de una película japonesa de samuráis medievales: La fortaleza escondida (1958) de Akira Kurosawa– y tampoco El señor de los anillos o Narnia o Harry Potter, que son alegorías infantojuveniles que no hacen sino amontonar lugares comunes sobre el crecimiento emocional o la maduración –el bildungsroman– de sus héroes. Y aún menos el género de superhéroes.
6. El discreto encanto de la tecnología: El género, en su mejor definición, no está interesado en la tecnología per se, sino en cómo esta altera y transforma la sociedad y al ser humano. Lo que tienen en común las películas que consensos críticos señalan como los clásicos de la ciencia ficción en el siglo XXI es que son visible y deliberadamente low-tech: en Niños del hombre (2006) o Gravedad (2013), ambas de Alfonso Cuarón, o no hay tecnología o la que hay es la que ya tenemos a mano. En Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004) de Michel Gondry, la poca tecnología es retro –salida de los años setenta–, apenas un pretexto para retratar las glorias y miserias de una relación amorosa. En Bajo la piel (2013) de Jonathan Glazer o Ella (2013) de Spike Jonze, la relación con una entidad no-humana (y “femenina”) es sugerida por un cuerpo o una voz (que en las dos películas proporciona la misma actriz, Scarlett Johansson).
7. Las obsesiones principales de la ciencia ficción. Las obsesiones de la ciencia ficción no son tantas. Es más: se pueden resumir en tres principales: a) la construcción de mundos que derivan, feliz o catastróficamente, de la evolución del nuestro hacia la utopía y, con más frecuencia, hacia la distopía (política, económica, ecológica); b) el contacto con seres inteligentes de mundos sustancialmente diferentes al nuestro (y que las películas dividen entre amigables y hostiles); c) la creación de y convivencia con formas de vida artificial (robots, androides, IA) que ponen en entredicho la singularidad o supremacía humana.
8. Novelas y novelistas. Prácticamente toda la ciencia ficción interesante en el cine deriva de las novelas de unos cuantos novelistas, la mayoría anglosajones (y, los que no, eslavos). Si aún hoy seguimos haciendo adaptaciones directas e indirectas de los antiguos relatos clásicos de Mary Shelley, H.G. Wells y George Orwell sin señales de agotamiento a la vista, tampoco nos hemos cansado de intentar variaciones de las novelas de Philip K. Dick, Stanislaw Lem, Ursula K. Le Guin y los hermanos Strugatski.
9. Los maestros contemporáneos del género. En este, como en otros campos, por sus obras los conoceréis. Y por la perduración e influencia de esa obra. A la generación de Stanley Kubrick (2001: Odisea del espacio, 1968; La naranja mecánica, 1971) y Andrei Tarkovsky (Solaris, 1972; Stalker: La zona, 1979), le sigue la de Steven Spielberg (Encuentros cercanos del tercer tipo, 1977; E.T., 1982) y Ridley Scott (Alien, 1979; Blade Runner, 1982). Hoy, aunque es quizá pronto para asegurarlo, se dice que en la nueva generación de maestros del género destacan por lo menos cuatro directores: el canadiense Denis Villeneuve (La llegada, Blade Runner 2049, Duna), el mexicano Alfonso Cuarón (Niños del hombre, Gravedad), Alex Garland (Ex-Machina, 28 años después) y Christopher Nolan (Interestelar, Incepción).
10. Próximos estrenos: Además de Duna 3, que adapta Duna, el mesías (1969), la segunda de una saga de seis novelas de Frank Herbert, parece que este año tendremos en cartelera Klara y el sol, adaptación de una novela reciente del Premio Nobel de Literatura Kazuo Ishiguro (que también ha contribuido al género la notable Nunca me abandones, de la que hay una buena versión cinematográfica). Se dice que el mismo Villeneuve de Duna prepara ya la versión de Cita con Rama, la mejor novela de Arthur C. Clarke, de 1973. Y si pasamos al streaming, que en este y otros géneros es un mejor lugar que una sala de cine para encontrar productos audiovisuales de interés, esperamos una nueva temporada de las series Fundación (inspirada en una trilogía de novelas de Isaac Asimov de los años 50), El problema de los tres cuerpos (que adapta el bestseller de Liu Cixin de 2008) y Blade Runner 2099 (que continúa la saga derivada de la novela de 1968 de Philip K. Dick).
11. Un nuevo museo de yapa. George Lucas, el creador de La guerra de las galaxias y autor de una sola película de ciencia ficción (THX 1138, de 1971), inaugura este próximo 22 de septiembre, en Los Ángeles, su proyecto más ambicioso: el Museo Lucas de Artes Narrativas. Gigantesco (28.000 metros cuadrados de construcción en un terreno de cinco hectáreas), producto de un largo y complejo proceso de edificación (10 años de problemas sin fin), costoso (más de 1.000 millones de dólares), hermoso (nave espacial de perfectas curvas, como semiflotando en el aire), este museo está consagrado a la ciencia ficción, la mitología y la fantasía en el cine, las artes plásticas, la ilustración y la historieta.
