Teherán; la serie de coyuntura
Llama la atención, debido a la coyuntura política internacional, que Teherán, la serie televisiva de producción israelí, difundida por la plataforma de streaming Apple Tv, no haya sido promocionada en su tercera temporada con la intensidad pertinente.
Estamos hablando de un producto de muy buen nivel, que relata las aventuras de una agente israelí, cuyo objetivo es acabar con el programa nuclear ira. La serie de alguna manera describe la fuerte presencia del mossad, la inteligencia israelita, en el país de los Ayatolás.
Teherán fue lanzada el 2020. El punto culminante, la tercera temporada, se estrenó en Israel en diciembre de 2024, y en Apple en enero de 2026, es decir, coincidiendo con el primer conflicto directo entre Israel e Irán, la guerra de los doce días, y anticipando el conflicto mayor, que se inició en febrero de 2026, tan solo en unas siete semanas.
Uno de los aspectos más sorprendentes de la “guerra de los doce días”, fue que, en su inicio, de acuerdo a diversos reportes, parte de los ataques que Israel lanzó con drones contra las defensas aéreas iranies, partieron del mismo suelo iraní. Eso nos da una idea del grado de penetración de la inteligencia israelí en el territorio de sus rivales. Pero no se trata del primer dato que va en esa dirección; anteriormente los organismos israelíes, ya habían realizado atentados contra personas clave del aparato científico, político y militar iraní, con una precisión cercana a lo absoluto.
La guerra secreta, semi secreta o abierta, de Israel contra Irán, lleva décadas. Desde que quedó claro que se trata del único país gobernado por un régimen religioso – islámico que tiene la capacidad de desarrollar un arma nuclear, se ha convertido en su enemigo principal. Al factor del riesgo militar (dado el tamaño de Israel, evidentemente una detonación nuclear puede hacer desaparecer el país, físicamente, con relativa facilidad), se une el factor “político religioso” en la medida en que es más difícil conciliar con dirigentes que creen que es un mandato divino el hacer desaparecer determinado país, que, con políticos laicos, tipo Yasser Arafat, por ejemplo. De ahí que, por muchos años, Israel haya hecho diversos esfuerzos por retrasar el programa nuclear iraní (asesinatos selectivos de científicos, ataques militares, etc.).
El eje argumental de Teheran, se centra en la interacción entre Tamar, agente israelí que se mueve bajo una identidad falsa y Faraz, uno de los jefes de la inteligencia de la guardia revolucionaria iraní, obsesionado con capturarla.
Uno de los principales méritos de la serie son los matices que desarrollan tanto los personajes, como la temática misma. No se trata del esquema simplista de buenos contra malos. Tanto Tamar como Faraz son seres contradictorios, y la serie se esfuerza por hacernos entender sus motivaciones. Se parte de una primera identificación con la inteligencia israelí, pero luego esta se va develando también como contradictoria, fría, insensible y sujeta a diversos errores.
Tamar a lo largo de la serie, tiene que conciliar su “deber” (el mandado del Mossad al que pertenece), con sus convicciones morales y sus contradicciones personales. A su vez Faraz, que en principio es un patriota iraní honesto, tiene que lidiar con la rígida estructura burocrática -religiosa del régimen, lo que a veces implica tener que renunciar a sus principios. Los dos personajes, evolucionan a lo largo de las tres temporadas y van desarrollando una relación contradictoria, donde sin renunciar esencialmente a sus principios, deben hacer diversas concesiones y en ocasiones actuar contra sus mandantes.
Uno de los aspectos más interesantes de Teheran, se encuentra en el retrato que hace de la vida diaria de la ciudad. Es verdad que, como toda reconstrucción, puede estar sesgada, pero tomando en cuenta sus rasgos, entendemos que también debe tener elementos que en alguna medida coinciden con la realidad.
Hablamos de uno de los países que tiene mayor potencial económico en la región, pero que al mismo tiempo esta gobernado por una estructura anacrónica y fuertemente conservadora. Por una parte, el desarrollo económico al que aspira, le exige tener un crecimiento capitalista, pero por otro, sus dirigentes imponen a sus habitantes el vivir, bajo esquemas propios del feudalismo y la edad media.
De ahí que podamos entender las periódicas rebeliones de los, y especialmente las jóvenes, contra las normativas religiosas. En Teheran, el mundo de la marginalidad signado por fiestas rave, refugios de mujeres golpeadas y contrabandistas de artículos electrónicos, constituye el terreno donde se mueve Tamar a sus anchas.
Pero además de los dos personajes principales, la serie esta enriquecida por una serie de secundarios muy sólidos; Milad el hacker marginal, Nahid la esposa de Faraz abnegada en un principio, cuestionadora posteriormente, Yadid, la supervisora de Tarmar, etc.
Más allá del morbo despertado por la coincidencia existente entre la temática desarrollada por la serie y el conflicto actual, Tehera, vale la pena de ser revisada por su excelente construcción narrativa.
