Megalópolis, el epilogo de Coppola
Francis Ford Coppola es el director, que ha protagonizado el momento fulgurante, más significativo de la historia de la cinematografía mundial. Ese “momento” se ubica entre 1972 y 1979, y allí dirigió cuatro películas que están reconocidas en forma universal como obras maestras: El Padrino (1972), La conversación (1974), El Padrino II (¡974) y Apocalipsis Now (1979).
Las percepciones cambian de acuerdo a los momentos históricos y tendencias políticas, pero el día de hoy, al parecer hay un consenso en reconocer a El Padrino como la mejor película de la Historia (en otros momentos han ocupado el podio cintas como El acorazado Potemkin, de 1925, de Sergei Eisenstein y El ciudadano Kane, de 1941, de Orson Welles).
Antes de realizar El Padrino, Coppola hizo algunas películas interesantes, de tendencias diversas, que denotaban curiosidad y búsqueda, aunque sin llegar al nivel de las de la segunda tanda. En algunos casos fueron cintas alineadas con la industria como Finias Rainbow (1968), un musical de corte clásico (bastante soso), y en otros, films que trataron de acercarse a un cine más introspectivo, cercano a las nuevas olas europeas, el caso The Rain people (1969).
Después de Apocalipsis now, Coppola nunca pudo realizar obras que mantuvieran ese nivel. Hizo películas sobresalientes en unos casos; especialmente Bram Stocker´s Dracula (1992), Rumble Fish (1983), y El Padrino III (1990). Un caso especial para quien escribe estas líneas es el de The Cotton Club (1984), una película infravalorada, probablemente por los problemas que tuvo en su producción (entre los cuales se encuentran conflictos reales con la mafia), que fue un fracaso de taquilla, pero que entendemos, tiene una construcción narrativa notable, cercana por su creatividad al momento cúspide del director.
El resto de la larga filmografía de Coppola, se devanea entre las obras irregulares pero interesantes, como One from the heart (1982), la película que debido a sus excesos financieros hizo que cayera en la quiebra, o Pegy Sue se casa (1986), los trabajos “bien llevados” (con corrección, pero sin elementos sobresalientes), como Jardines de Piedra (1987) o Tucker, el hombre y su sueño (1988), o las obras directamente fallidas como Jack (1996).
En la última, etapa de su carrera Coppola se lanzó a hacer tres películas de bajo presupuesto y corte experimental; El hombre sin edad (2007), Tetro (2009) y Twixt (2011). Tres trabajos irregulares, y en algún segmento directamente deficientes, pero con una marcada intención de hacerse ver como cintas personales e innovadoras, esas que constituyen el núcleo del cine de lo que se denomina como cine de autor.
Si se analiza con cuidado el núcleo de los 4 mejores trabajos de Coppola, nos damos cuenta que tres de ellas (“Los Padrinos” y “La Conversación”), estuvieron hechas en el sistema de estudios. Mario Puzzo autor de la novela original y co-autor del guion de ellas, relata en su libro Los documentos de El Padrino, como las decisiones centrales de la película eran tomadas por un conjunto de personas en una “auténtica democracia” (Albert S., Ruddy el productor, Robert Evans el productor ejecutivo, Coppola, el propio Puzzo, entre otros). Recién en la cuarta película, Apocalipsis Ya, es que el director desarrolla su propuesta como “autor”, ya que merced al éxito de las anteriores, puedo tener el control absoluto de la cinta.
Apocalipsis Ya, es una obra maestra en todo el sentido de la palabra. Sobre la base de un esquema clásico, el director innova en el tono y el ritmo, dándole un aire onírico que cumple con el objetivo trazado; hacer un retrato vivido del tránsito a la locura que implica el ejercicio de la guerra.
Pero el problema es que a partir Apocalipsis Ya, y especialmente de One From the Heart, Coppola, comenzó a venderse como un “genio maldito” (¿se autoconvenció de ello?, y no como el cineasta de la “industria” donde obtuvo sus mejores logros. Llego tempranamente a la cima como un director adaptado al sistema imperante en Hollywood, y luego tuvo una lenta y dolorosa decadencia, siguiendo en él, aunque renegando del mismo, y por tanto proclamándose un autor incomprendido.
Una tras otra, fue produciendo obras irregulares, mientras proclamaba al mundo su necesidad de pagar deudas (tema difícil de entender, dado que a la vez desarrollo un pequeño imperio dentro de la industria vitivinícola). Y dentro de ese relato, Megalopolis, se presentó por varias décadas como el proyecto ideal, anhelado, de una probable obra maestra, que era rechazado una y otra vez, por los grandes estudios establecidos. Finalmente, el director anunció que vendería parte de sus propiedades para financiarlo en forma independiente (la cinta tuvo un costo aproximado de 120 millones de dólares). La película se estrenó el 2024, con un tremendo fracaso tanto entre el público, como en la crítica. En algunos casos se valorado su “atrevimiento”, y ganas de “innovar”, pero que hayamos visto nadie, o casi nadie, ha alabado su construcción narrativa; el elemento que en definitiva determina la calidad de una cinta.
Y es que Megalopolis es presa de esa tendencia, que tanto daño les hace a nuestros cines en general; el trascendentalismo, el que lleva a plantearse la “trascendencia”, la “genialidad”, como prioridad, por encima de la construcción de la historia misma (por ello tenemos tantas cintas destinadas a festivales, pero poco felices en su impacto en el público).
El Padrino o Apocalipsis Ya, son trascendentes por la forma en que se narraron sus historias, en cambio Megalopolis, grita, proclama, busca por todos los medios decir que es genial, y evidentemente ello no basta para que adquiera tal cualidad. Coppola quiere reconstruir un mundo en el que se fusionan la Nueva York actual y la antigua Roma e incorpora elementos tan dispares como el uso de los espacios, la desigualdad social, la demagogia política, el realismo mágico, la decadencia y superficialidad social, etc., etc., los nunca llegan a integrarse en una narración coherente. Cada elemento, trae consigo un personaje distinto, el que finalmente no se desarrolla y solo queda en enunciado.El núcleo argumental de la película se encuentra en el conflicto que se presenta, cuando la hija de un poderoso político corrupto, se enamora de su enemigo, un joven, creativo e innovador (alter ego de Coppola). Pero incluso ese elemento melodramático termina sin desarrollarse a plenitud.
En diferentes momentos de la película reproduce la frase de su protagonista: “Cuando damos un salto a lo desconocido, demostramos que somos libres”, se trata de distintas formas, en las que Coppola proclama, resalta, reafirma su genialidad, en un ejercicio que lamentablemente, no denota más que una pretenciosidad excesiva. Quiero ser trascendente, diciendo que soy trascendente.
¿Es Megalopolis, el epilogo de Coppola?, a pesar de que ya cuenta con 87 años, esperamos que no. Siempre hay la esperanza de volver a ver productos suyos donde se centre en lo que ha sabido hacer de manera genial; construir historias. Mientras tanto podemos consolarnos viendo una y otra vez cualquiera de los Padrinos, o Apocalipsis Now, ejercicios que siempre son placenteros.
